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martes, 29 de marzo de 2011

TÚ ERES EL CIEGO

...la vieron en mitad de la calle con una caja de lápices, todos de color negro. Ella decía que al pintar veía los colores...sus trazos eran perfectos...a veces dudaba al coger un lápiz y lo cambiaba...

...nació con la vista apagada, pero iluminaba todo aquello que miraba...

jueves, 30 de septiembre de 2010

Duermevelas y Pernoctas - I

¿A qué sabe el abrazo que das a alguien que sabes que no volverás a ver?

¿Qué puedes decir con la mirada que te brindará su último recuerdo?

¿Qué tristeza puedes ocultar tras la última sonrisa que le vas a dedicar?

jueves, 9 de septiembre de 2010

Teorema del Embalse Social, por Homer Simpson

Homer, se volvió triste y taciturno en general, melancólico y meditabundo a ratos tras perder a Marge. Pensaba más de la cuenta y observaba con descaro, aun a riesgo de ser vapuleado por alguien que no entendiera su sana intención de entender los gestos y los pensamientos de la gente.

Cierta noche, tras haber pasado toda la tarde sentado en una hamaca que tenía desde hacía meses en su descuidado jardín, cogió a la pequeña Maggie en su regazo y decidió pedirle consejo sobre una teoría que acababa de desarrollar. Aunque recién (y a la fuerza) destetada, Maggie encerraba una gran inteligencia, y la tristeza del rostro de su padre le bastó para entender que lo que le iba a contar era importante, y así descansó quieta en sus brazos, preparada a escuchar y sin mover su chupete (que podía resultar escandaloso si se lo proponía).

Maggie – comenzó Homer- ¿tú sabes que las personas somos como los embalses? Si no recuerdo mal, hace unos años tuvimos sequía, faltaba el agua, las piscinas eran sólo un recuerdo y tus hermanos mayores no sabían ni para que servían esos huecos en el suelo, ya que en su corta vida nunca los habían visto llenos. En esos momentos, cualquier gota que caía del cielo era recogida con avidez, era cuidada del sol y su calor, era reconducida hacia un lugar seguro y atesorada con cariño…cada gota era valiosa, y se mimaba como el mayor de los tesoros, y se miraba con dulzura, y la lluvia justa para vivir era agradecida y valorada. Los embalses vacíos recogían herméticamente los hilos de agua de los afluentes que morían en ellos.

Pero el año que naciste tú comenzó a llover, la gente enloqueció de frenesí por recibir con tanta abundancia el bien del que carecía…todo era de puto color rosa. Los embalses se comenzaron a llenar, y la gente los miraba con admiración, miraban al cielo esperando más…exigiendo más…y los embalses se llenaron…

Cuando al agua no fue un bien escaso, las piscinas se cambiaban todas las semanas, los grifos no se cerraban, los embalses rebosaban el agua sobrante, que se vertía en el desierto y se perdía para siempre…- Homer hizo un silencio en parte exigido por la extraña mirada de Maggie, que aunque entendía perfectamente la metáfora hidráulica, no llegaba a percibir el trasfondo de todo aquello. Los embalses se habían llenado pronto, los embalses no estaban preparados para recibir tanto, y desperdiciaban lo que se consideraba sobrante con desdén, faltos de una memoria que les recordara lo que unos meses atrás tanto necesitaban y no se les daba.

Maggie, cuando des algo que la gente no tiene, como atención, cariño, admiración…amor…serás querida y requerida por eso. Pero cuando la gente no lo necesite, lo tirará en lugar de valorarlo, lo desperdiciará en lugar de reconducirlo. Ignorará tus atenciones y tus propias necesidades por creerse repletas desde siempre…y tú te sentirás como una nube que queriendo soltar millones de litros de agua fresca, ve que toda ella se va a perder en un desierto donde solo una abrasadora arena la recibirá.

…en ese momento, Maggie quedó conmovida por la conclusión de su padre, y sintiendo que aquel hombre necesitaba algo urgentemente, procedió a decir sus primeras palabras…

Homer –inició Maggie ante la mirada atónita de Homer-, en una ocasión en la que mamá me llevaba en el carrito, distinguí una frase que Lenny…o Mod Flanders dijo, no estoy segura…pero era algo así como “Marge, las oportunidades nunca se pierden, otro las aprovecha

Entre incredulidad y admiración, Homer sólo acertó a decir "Cierto hija…por cierto, dime papá".

jueves, 3 de junio de 2010

Letras indigestas

Recostado en su cama apretaba el estomago para evitar que el nudo que lo atenazaba se expandiera por todo su estómago...parecía que haciendo fuerza el dolor se controlaba en un punto pequeño...mejor un puto punto que no todo su cuerpo. Se le indigestaron las letras que comió con los ojos, estropearon las letras que tenía en su cerebro. Sus manos temblorosas, no fueron capaz de vomitar las letras que necesitaba expulsar para disculparse.

La infección letrada se extendió por su cuerpo, el punto se expandió y fundió sus "tequieros" con los huesos que, por la posición fetal se encontraban más cerca que nunca...y aunque a la mañana siguiente volvió a andar, su posición fetal aferrada a aquel sentimiento permaneció contraída por siempre jamas...

...nunca le pudo decir...tú serás la reina de mi cálida trinchera!!!!

martes, 25 de mayo de 2010

El intersticio

Arrasaste a tu antojo
arrancando juntos a puñados,
no quisiste hacer camino
en el terreno apropiado.

No te gustó lo que viste
y me dejaste desolado,
la laguna esta vacía
la vida me ha abandonado.

...

Ansia puta y vista fija
tomarás lo que tú quieras,
maldecirás al agua y la tierra
si luchan por la dignidad que les queda.

Me rebelo en agonía
es la fuerza que me queda,
al robarme ese el cariño
sólo el odio ahora te espera.

domingo, 18 de abril de 2010

Conversación con Homer

Como en otras ocasiones, me encontré charlando con Homer Simpson. Son muchas las veces que hemos estado uno frente a otro hablando de los temas más dispares.

Hacía tiempo que no me dedicaba a hablar con él. Lo encontré destrozado, sentado en una acera desnuda, sin papeleras, ni farolas, ni bancos…nada, sólo Homer. Me acerqué y como en otras ocasiones le traje un búlgaro de chocolate. Aunque la mayoría de la gente piensa que Homer se vuelve loco por una rosquilla, son los búlgaros de chocolate lo que más le gusta. Hoy no lo probó.

Tras un silencio incómodo pregunté a Homer porqué estaba así, porque su jardín no estaba verde, porque las persianas de su casa estaban bajadas, porque su camisa no estaba lisa. Homer juntó los hombros en señal de “no sé qué pasa”, pero a continuación habló…Marge había muerto esa mañana. Murió tras más de un año de una enfermedad que podría haberse curado con unas pocas palabras y una mirada hacia el futuro.

Le pregunté qué sentía ahora, tras tanto tiempo…qué le quedaba de Marge, qué sentía tras su perdida, qué esperaba del futuro…Homer quedó en silencio, y me habló sobre una revelación que fue conformando poco a poco a lo largo de su vida, y que hasta ahora no se había materializado en su mente como dolorosa conclusión. Homer fue directo en sus palabras: “Margue ha muerto, amaba a Marge…el tiempo no hace que el amor se transforme en cariño, al principio hay hormonas, nervios y deseo, pero el amor se construye con el paso del tiempo, es una solida construcción que necesita ser levantada con el paso de los días, de los meses, de los años, y con ese paso del tiempo te vuelves uno con la otra persona, entiendes y sientes lo mismo, te haces uno, cada uno en su mitad, pero uno.…He perdido….he perdido…todo…del futuro sólo espero perdón y…que sea un futuro breve”.

Me devolvió el búlgaro de chocolate, ni lo había mirado. Con un poco de chocolate adherido a sus dedos, Homer accionó una pequeña grabadora que tenía en sus manos. La voz de Marge sonó débilmente, se escuchaba “…tú eres tan hermoso para mi…”, y aunque eso no me lo contó, Homer sintió los brazos de Marge rodeándole la cabeza mientras reposaba en su regazo. Ese sentimiento fantasma sumió a Homer en el recuerdo y a penas murmuró algo cuando me fui de allí.

De camino a casa, no podía dejar de pensar en aquella canción, “…tú eres tan hermoso para mi…you are so beautiful , for me…”. Una vez más, Homer me enseñaba algo más de la vida, algo tan sencillo que casi nadie se detiene a ver.

“…tú eres tan hermoso, para mi…”

sábado, 24 de octubre de 2009

Frases y definiciones: uso del amor

Hoy, trabajando en unos y ceros, en tareas y proyectos, en cosas cuadriculadas y tangibles que se escriben y se leen, he escuchado una defición estupenda sobre "eso" que con cierta frecuencia (para unos adecuada, para otros insuficiente) hacen los enamorados.

Ha sido en una película que he visto n-veces, "El Hombre Bicentenario", y que a pesar de su temática tecnológica tiene un transfondo moral que a uno le gusta particularmente. Siempre nos marca el cómo vivimos las cosas por primera vez...o cómo las vemos. Quizá por eso esta película me gusta especialmente.

Hay una escena en la cual el hombre-robot está hablando con el ingeniero que le está transformando en "ser humano", y con la mirada perdida en una hoguera le expresa su anelo por sentir sensaciones humanas, y muy humanas...y le explica cómo él entiende que es el amor, o el uso que se hace del mismo:

"...que puedes perder el control, lo pierdes todo...los límites, la noción del tiempo. Los cuerpos llegan a mezclarse de tal modo que no sabes quién es quién o qué es qué. Y cuando la dulce confusión es más intensa y crees que vas a morir, de algún modo mueres, quedándote sólo en tu cuerpo separado, pero la persona que amas sigue ahí. Es un milagro. Puedes llegar hasta el cielo y regresar con vida, y volver siempre que quieras con la persona amada"

No puedo estar más de acuerdo con el hombre-robot. Aunque en este caso estamos hablando de cosas no tangibles, de cosas que no se escriben, de cosas que requieren de algo más que unos y ceros, de cosas que no caben en proyectos,...de cosas que al fin y al cabo cada uno escribiría y describiría de una forma absolutamente distinta y bella a la vez.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Deslastrando

...y decidió que su particular Show de Truman tenía que finalizar. Y como en el carcelario espectáculo, donde permanecía preso de sus miedos cancerveros, buscaría una puerta más allá del mar que en calma chicha le susurraba..."ven..atrévete..sabes lo que guardo para ti al final".

Nadó por tiempo indefinido, su única esperanza era que hubiera una esperanza al final, una puerta que quizá se pudiera abrir. El nudo en la garganta le acompañó durante toda la travesía, pensaba que derribar el muro sería lo peor, pero olvidó sacudir de sus pantalones el polvo que con el agua se tornó roca.

Cuando lo que en caliente no distinguía en el agua se volvió lastre, la muerte no le pareció una mala solución. Sin embargo, como la roca se fundió con sus vestimentas, las asumió y siguió adelante. Aprendió a nadar en sueños para así aprovechar los ratos de pernocta.

Un amanecer, cuando ya había olvidado todas sus razones y sus ropas parecían raídas por el efecto de la sal de sus llantos, sintiéndose ingrávido abrió los ojos, y dolorido por el esfuerzo nocturno la vio...estaba ahí.

Sin el color oscuro de sus pesadas vestimentas de reo se sintió liberado, y para que a todos los observadores les quedara claro gritó lo siguiente sin poder dejar de llorar...

viernes, 10 de abril de 2009

Sobre dolores necesarios

En derribando el muro que se alzaba infinito salto por entre los escombros que se extendían bajo sus pies...volvería a caer en sus errores, volvería a romper el muro tantas veces como fuera necesario, buscaría la misma piedra para tropezar, para ahora tirarse y no caer. Ahora veía que era capaz de hacerlo.

No encontró ningún beneficio en las ausencias brindadas por su soledad, y por una vez, decidió que sería bueno juntar lo alejado, y que aunque eran polos opuestos a flor de piel comprobó que no se repelían,y la atracción inexplicable era enorme toda ella en todas sus posibles dimensiones. Los límites de la piel tendieron a cero y el roce tendió a infinito, el placer fue insoportable...los segundos intensos como milenios. Lo que otrora fue dolor, ahora era pasión dolorosa deseada, ansiada, necesitada sin medida, y nunca en el fondo pedida.

The dark side of the moon le hizo tornar al estado inverso, como en algún momento su víscera le hubiera hecho sentir con la campana tubular, momentos de vello encrespado cuando el alma y el mundo le hacían libre, y la dependencia tendía a cero. Y ese nuevo estado fue tan deseado que no le estorbó el escombro y la maleza, ni el polvo en su piel pudo ocultar su mirada, que miraba con odio extremo y amor desmedido a la vez.

Las noches y los días se sucedieron para demostrar lo irrefutable, lo que nunca pudo demostrar, lo que sintió desde un comienzo, lo que negó mil veces y mil veces lloró. Pero ahora su paso haría caer de bruces y boca a las plañideras que foguearon su llanto con gritos y desdenes. No mas miradas bajas, miradas negras, deseos infantiles, puños apretados...la tierra que ahora escapará entre sus dedos arañará y hará sangrar de verdad, y no seran compasiones ni consejos banales. Experiencia y desdén, que es lo que necesita.

Ahora! ahora sí se encontraba listo para comer y digerir lo que estaba por venir. Avanzó mil pasos, y a la llegada de la bifurcación de caminos no tuvo duda, y con sonrisa pérfida esculpida por el dolor sufrido e infringido decidió que lo mejor era tirar por...

lunes, 16 de marzo de 2009

Las velas, solas se apagan

Al final, volvió a escuchar todas aquellas canciones que tenía prohibidas desde hacía muchos meses. Y como las historias no pueden reescribirse, porque la rubrica del autor cierra toda posibilidad de cambio, decidió iniciar un segundo volumen en el que tapar todos y cada uno de los agujeros de avestruz donde en alguna ocasión metió la cabeza en busca de un camino a Oz (sin caer que por donde a duras penas entra la cabeza, nunca entrará el cuerpo).

Y comenzó así…”En derribando el muro que se alzaba infinito…”

lunes, 29 de diciembre de 2008

De Funesta Tesitura

Los hechos le situaron allí. Nunca supo por qué llegó a cometer aquellos actos, pero ocurrieron, él los llevo a cabo y ahora veía el cadalso, blanco, pulcro, impoluto…sólo pintado por las almas de los que allí murieron, por las gotas de sudor frío que sólo la muerte es capaz de inspirar, pintado de lagrimas, llantos desgarrados, arrepentimientos, de muchos “lo siento”, de “nunca quise”, de silencios estridentes, de gritos ahogados…de colores funestos que tan sólo podían distinguir aquellos que estaban destinados a subir escalones que nunca habrían de bajar por su propio pie.

Los días previos se mentalizó, se resigno y aceptó la suerte que dictaba la sentencia: “horca hasta la muerte”. Decidió ser fuerte, afrontar el destino y mantener su dignidad hasta el último momento. Reflexiono sobre aquel instante, se vio a sí mismo, se proyectó en aquella tesitura y analizó sus reacciones. Asimiló el dolor, la rabia, la tortura de la espera, el instante de agonía y digirió aquella mezcla intragable que taladró sus intestinos rompiendo su férrea voluntad. Sólo le quedaba dar sus últimos pasos con la cabeza bien alta, o simplemente mirando al frente.

Flanqueado por los funcionarios se abrió paso entre los allí presentes. Individuos indignados y altaneros, creídos de poseer la justicia, pecadores en cierto sentido. Su silencio indiferente se le clavó en el corazón, no esperaba ese dolor. Condescendencia en los menos, parco consuelo. Sólo unos metros para el primer escalón, y toda su preparación, su paz y fortaleza simulada se vinieron abajo. “¿Así que esto es el MIEDO?”

Maniatado aumentaba su vulnerabilidad, sus piernas empezaron a temblar. Hondonadas de calor que partían de su estomago recorrieron todo su cuerpo, e inundaban su cerebro. Se transmitían por sus miembros que se agitaban por el pánico, y acaban en los dedos de sus pies y manos que sentía terriblemente fríos. Sentía como se perdían las caricias que había acumulado con el tiempo, que sus manos eran ya carne trémula. Sin darse cuenta rompió a llorar, y deseó ahogarse en su llanto en ese mismo momento. Hubiera preferido una muerte de pena súbita antes que aquel humillante fin para su vida.

Comenzó a subir los escalones que lo conducían a la soga, y realmente no tenía fuerzas para subir. Los funcionarios tiraban de él pero no podía andar. Como un niño pequeño que todavía no tiene fuerza en sus piernas para sostenerse en pie, aquel hombre que no era corpulento se venía abajo, y por un breve instante recordó a su madre que lloró con él su sentencia, que lloró con el sus últimos días, que lloraba en ese instante apenas a 50 metros de la sala. Sus rodillas fallaron y un golpe contra el borde de un escalón metálico le devolvió a la realidad.

Sentía cómo sus sienes latían con fuerza, el dolor del llanto forzado se acumulaba en su pecho, comenzaba a sudar. Sentía frío, sentía una soledad infinita que no se merecía. El último escalón llegó demasiado pronto y paradójicamente deseaba morir, pero temía que le mataran. Temía el dolor y la agonía, temía las miradas de la gente que lo observaba. Los funcionarios lo giraron sobre sí mismo y quedo de cara al “PÚBLICO”. Sentía la boca amarga y seca, nunca llegó a probar el vino de su última cena. El pánico le inundó de tal forma que le costó reconocer el líquido caliente que recorría sus piernas, sus propios orines. Su cuerpo se estremecía y nada podía hacer para remediarlo.

Deslizaron una capucha negra por su cabeza, y sus lloros se hicieron ahora audibles. Su última imagen fueron decenas de miradas de odio, rayos de sol atravesando ventanas con barrotes y una soga acabada en nudo corredizo que arrastraba por el suelo a su lado. Uno de los funcionarios ajustó la soga a su cuello, su tacto era desagradable e irritaba su piel. Sentía su cuerpo arder. Las correas de cuero que se ceñían a sus brazos y piernas le agobiaban de sobremanera. Los temblores quedaban confinados a la estrecha holgura que le concedía el material y la claustrofobia se apoderaba de su mente. Sus últimos recuerdos fueron el sonido de una palanca golpeando contra un tope, una sensación de vértigo e ingravidez y un latigazo sobre su cuello que se descoyuntaba por el impacto. La sensación de ahogo había comenzado ya antes de empezar a caer, pero ahora le producía punzadas de dolor en todo el torso. Sus costillas se arqueaban monstruosamente tratando de forzar a que el aire entrara en los pulmones. Tras un pico de dolor humanamente insoportable llegó la paz, y todo acabó…el tiempo nunca demostró lo que sólo el sabía: su inocencia.

jueves, 24 de abril de 2008

¡Hasta aquí hemos llegado!

Abrió los ojos y observó la tapa de su ataúd, y el terciopelo morado que tan suavemente solía acariciarlo le arañaba esta vez la piel. Su capa, típica, clásica, y obligatoria para los de su categoría le ahogaba. El cuello picudo y almidonado rozaba con sus orejas y le resultaba insoportable.

En cuanto despertó sintió una sed insaciable era...sed de agua, deseaba beber agua fría, lavarse la cara, sentir el frío en los pulmones. Esa idea le causó miedo y terror, se encontró a sí mismo desconcertado y aturdido por ese deseo. Empujó la tapa, era de día, estiró sus brazos y salió con cuidado. Al incorporarse se despojó de todos los atuendos que llevaba por obligación. Giró un espejo que se apoyaba contra la pared y se encontró sorprendentemente aceptable, un poco pálido quizá.

Dio apenas unos pasos vacilantes hacia la entrada de la cripta, descorrió el cerrojo viejo y chirriante y dudó. Tras algunos minutos pensando, decidió echarle cojones y tiró súbitamente de la sólida puerta de madera. Una ola de luz solar baño su cuerpo desnudo y se sintió bien...muy bien.

Al fin y al cabo, no era tan vampiro como los demás le habían hecho creer. Se alegró de dar el salto y cambiar las reglas del juego. No tenía porqué haber nada prefijado...nadie tenía porqué prefijarle nada.

miércoles, 9 de abril de 2008

Cuentas infinitas

Cuando uno en su juventud estudia las sencillas formulas de la fuerza, la aceleración, la velocidad, la atracción entre masas, etc. se queja y maldice las mentes preclaras que las idearon mucho tiempo atrás. Que si no cambié de unidades, que si dividí mal, que calculé la trayectoria en función de la altura, que no sabía que era un vector deslizante...y miles son las excusas (a cual más ridícula) de porque no salen las cuentas.
Sin embargo, uno tampoco se da cuenta de que esas cuentas se suceden invariablemente y de forma continuada a nuestro alrededor, sin fallar nunca y con resultados tan exactos que apenas pueden concebirse.
Perico Universo, hombre viejo y vetusto, llegó a la Administración Universal cuando por orden de alguien que no viene al cuento se puso donde se puso este universo tridimensional en el que vagamos a nuestras anchas (vagamos por donde podemos). D. Universo era un hombre ducho en las matemáticas, la física y la química, aunque de muy de allá para cuando escribía mensajes ininteligibles que lanzaba al espacio en código que todavía ninguna civilización ha conseguido ni reconocer.
D. Universo tenía la ardua tarea de llevar a cabo todas las operaciones y cálculos necesarios para que el universo funcionara día a día, y sus labores se extendían desde fenómenos cuánticos hasta fenómenos estelares de dimensiones intergalacticas. Lo mismo calculaba la fuerza con que pulsamos las teclas de nuestros teclados, como calculaba un instante después el atractor extraño que regía la trayectoria de la fractura que hacía desplomarse los edificios o decidía si una estrella sería un agujero negro, o una enana blanca, o moriría formando conmovedores cúmulos planetarios.
D. Universo no paraba un segundo con sus tejemanejes, y a veces se lamentaba si su vida no sería más sencilla en un universo con menos dimensiones, una cosa más tranquila, como el que dice "una jornada de 9:00 a 15:00", sin embargo su trabajo le apasionaba. A lo largo del día universal, del que todavía no había llegado la noche ni una sola vez, D. Universo solía tomarse ratos de asueto para deleitarse (tan ínfimos que la interrupción de sus labores no interrumpían el latido del Universo tridimensional). En estos ratos observaba la lluvia caer, y creaba perturbaciones atmosféricas (tocando unas ecuaciones diferenciales que sólo el conocía) para dar formas preciosas a las gotas que caían, y lejos de ser formas perfectas, lágrimas idealizadas, las gotas sufrían en su delicada superficie las inclemencias inventadas adrede y por un instante, planeaban y se dejaban caer con gracia sobre aquellos que todavía disfrutan de esta fenómeno sin paraguas. En otras ocasiones, D. Universo truncaba ciertos parámetros para hacer cristales de nieve, e inventaba infinitas formas para para copo, y hasta hoy nunca repitió una forma.
En una ocasión se permitió el lujo de empujar una mariposa hacia el sur de África para poder crear el vendaval adecuado que levantara, 3 meses después, la falda oscura de una preciosa joven que paseaba por Ciudad Real durante un Jueves de fiesta. Además de unos cálculos muy complejos que le llevaron 20 centésimas de segundo, su broma le costó una reprimenda de instancias superiores...y aunque se disculpo por un tiempo limitado, en el fondo supo que mereció la pena todo el tiempo invertido y la visión perfecta.
Sólo una cosa causaba desazón en el corazón de D. Universo, y es que no sabía donde estaba encerrado, conocía las dimensiones de su despacho (que a cada momento le ampliaban para que tuviera más comodidad y almacenara los resultados de sus cálculos), pero no sabía hasta donde tenía que seguir expandiendo el universo, no sabía cuando parar...y en el fondo no lo necesitaba, pero con frecuencia recordaba la frase "podría vivir en una cascara de nuez y creerme el señor de un espacio infinito". No sabía dentro de qué se movían los dominios que le habían adjudicado, y temía que en algún momento su universo tridimensional chocaría con algo y...Sólo podía pensar en un bizcocho con demasiada levadura para un molde tan pequeño, y sentía miedo...un miedo y un vacío infinito...
Tras un café de años-luz, D. Universo decidió que si en varios millones de años no averiguaba donde estaba, reuniría toda la materia oscura y frenaría el crecimiento del universo tridimensional por miedo a romper la caja que lo contenía. Y quedó satisfecho...pero eso ya lo hará cuando sea el momento adecuado.