Aquel atardecer el sol no se ocultaba tras el horizonte, sí lo hacía tras el borde de la barca en la que nos refugiábamos. El salitre se hacia notar, y sus mejillas estaban saladas, era toda mar. Ella apareció allí, yacía a mi lado cuando desperté. Supo adivinar mi presencia en el único rincón de arena de aquella cala rocosa. El calor del atardecer me dolía, como el presagio de una soledad no deseada. La intensidad de los escasos minutos restantes de día, y la agitada noche venidera en esa misma playa, agotaron mis fuerzas, y el sueño que me reveló su presencia me la quitaba ahora. El amanecer, sin ella, me trajo tristeza y sed, y el mar nunca más fue mar, sino desierto de posidonias.
Mostrando entradas con la etiqueta estado ingrávido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estado ingrávido. Mostrar todas las entradas
sábado, 29 de mayo de 2010
miércoles, 29 de julio de 2009
Crónica de una pérdida anunciada (2/3)
El agua que caía fría comenzaba a entumecer ligeramente su cuerpo, y se notaba lento en sus reacciones. Stampida ladeo su cabeza quedando libre de la cortina de agua uno de sus oídos, cuando éste quedó vacío escuchó música en la habitación de al lado. Su portátil reproducía una canción de Anthony & The Jonsons...
...y la realidad volvió. Tiempo atrás aquella canción daba significado a su vida, hoy es sólo era un recuerdo que no se perdía...instantes que habían abrasado su cerebro, y ahora su huella había quedado para siempre. Una cicatriz que encerraba dolor en una herida que nunca se curó...una cicatriz con su escueto nombre.
Y volvió a sentir fragilidad, vacío, inútil...se sintió reloj de arena al que habían quitado todo su tiempo, sus recuerdos, y los momentos que midió. Por un instante se sintió el protagonista de una vida que no había vivido, que no era la suya, y mirando atrás no se reconoció en sus actos. Se preguntó quien era aquel patán que ocupaba su espacio en el universo. Pero ya estaba demasiado débil para luchar contra aquella versión de si mismo descontrolada y falsa. Apuraba sus últimos momentos recordando su pasado, quiso que sus últimas imágenes fueran las de los años pasados, cuanto todos, incluso él, le reconocían. Ahora era el anciano más joven que nunca nadie hubiera visto.
Se asomó a la ventana, y la visión del mar, negro por una noche sin luna ni estrellas, vació por un momento su pena y su tristeza, y aquel que estaba oculto y olvidado le susurró al oido que había quedado vacío de agua fría...
"tengo sólo unos segundos antes de que vuelva el ser ruin en que te has convertido,
acuérdate de mí, mira al mar y no lo pierdas de vista,
sabes dónde querrías acabar esto,
sabes cuál es el último jardín que querrías ver,
sabes cuales son los últimos seres que querrías ver volar ingrávidos,
sabes cuál es la única presión que te gusta sentir en tu cuerpo
...sabes quién estaría en la playa vigilando que aparezcas a respirar
...sabes que ya no estará ahí nunca más
...sabes que ya no tienes por qué volver a la orilla"
Stampida se hizo fuerte, amanecía. Tomo su modesta equipación como de costumbre, no desayuno, como hacía últimamente, y se fue para acabar su historia como había leído que algún hidalgo ya había hecho por aquellos parajes.
Aquel día reconoció el sol en el cielo, el agua no estaba lo suficientemente embravecida como para no entrar (para él nunca lo estaba). Se dirigió a la única zona de la playa que tenía arena donde reposar, escribió "Kiss my name" y tendió su toalla encima sin intención de volver a quitarla.
Como siempre al entrar en el agua, mojó sus muñecas y su nuca.
Buen día para no volver a la orilla.
One dove
Youre the one Ive been waiting for
Through the dark fall
The nightmares the lonely nights
.........
One dove
To bring me some peace
In starlight you came from the other side
To offer me mercy
Youre the one Ive been waiting for
Through the dark fall
The nightmares the lonely nights
.........
One dove
To bring me some peace
In starlight you came from the other side
To offer me mercy
...y la realidad volvió. Tiempo atrás aquella canción daba significado a su vida, hoy es sólo era un recuerdo que no se perdía...instantes que habían abrasado su cerebro, y ahora su huella había quedado para siempre. Una cicatriz que encerraba dolor en una herida que nunca se curó...una cicatriz con su escueto nombre.
Y volvió a sentir fragilidad, vacío, inútil...se sintió reloj de arena al que habían quitado todo su tiempo, sus recuerdos, y los momentos que midió. Por un instante se sintió el protagonista de una vida que no había vivido, que no era la suya, y mirando atrás no se reconoció en sus actos. Se preguntó quien era aquel patán que ocupaba su espacio en el universo. Pero ya estaba demasiado débil para luchar contra aquella versión de si mismo descontrolada y falsa. Apuraba sus últimos momentos recordando su pasado, quiso que sus últimas imágenes fueran las de los años pasados, cuanto todos, incluso él, le reconocían. Ahora era el anciano más joven que nunca nadie hubiera visto.
Se asomó a la ventana, y la visión del mar, negro por una noche sin luna ni estrellas, vació por un momento su pena y su tristeza, y aquel que estaba oculto y olvidado le susurró al oido que había quedado vacío de agua fría...
"tengo sólo unos segundos antes de que vuelva el ser ruin en que te has convertido,
acuérdate de mí, mira al mar y no lo pierdas de vista,
sabes dónde querrías acabar esto,
sabes cuál es el último jardín que querrías ver,
sabes cuales son los últimos seres que querrías ver volar ingrávidos,
sabes cuál es la única presión que te gusta sentir en tu cuerpo
...sabes quién estaría en la playa vigilando que aparezcas a respirar
...sabes que ya no estará ahí nunca más
...sabes que ya no tienes por qué volver a la orilla"
Stampida se hizo fuerte, amanecía. Tomo su modesta equipación como de costumbre, no desayuno, como hacía últimamente, y se fue para acabar su historia como había leído que algún hidalgo ya había hecho por aquellos parajes.
Aquel día reconoció el sol en el cielo, el agua no estaba lo suficientemente embravecida como para no entrar (para él nunca lo estaba). Se dirigió a la única zona de la playa que tenía arena donde reposar, escribió "Kiss my name" y tendió su toalla encima sin intención de volver a quitarla.
Como siempre al entrar en el agua, mojó sus muñecas y su nuca.
Buen día para no volver a la orilla.
viernes, 11 de abril de 2008
En estado ingrávido
Es más fácil asociar tierra seca y vid a un manchego, que medusas, pepinos de mar, corales, esponjas y pastinacas (sí, vi una alrededor de mis pies). Sin embargo, e independientemente de la geografía y el cariz del terruño en el que uno vive, nadie es capaz de elegir las cosas que más le llenan.
Hasta qué punto tiene uno culpa de lo que le dicta la víscera.
En mi caso, me gusta luchar contra el principio de Arquímedes para asirme a cualquier roca bajo el agua que me permita disfrutar de un espectáculo desconocido para casi todos. Cuando uno esta ahí abajo observando o siendo observado por miles de ojos curiosos, desearía que la respiración fuera sólo un hábito casual, como rascarse o mirar la hora. Sin embargo estamos obligados a subir para descubrir un marco totalmente nuevo en el siguiente descenso.
Os presento aquí algunas fotos que tomé con mi cámara acuática (de carrete, de ahí su escasa calidad). No podréis imaginar nunca la diferencia que hay entre lo que veréis y lo que vi. La zona es Cala Higuera, en San José (Cabo de Gata, Almería)
Más que la falta de aire, el silencio atronador te quita la respiración.



Hasta qué punto tiene uno culpa de lo que le dicta la víscera.
En mi caso, me gusta luchar contra el principio de Arquímedes para asirme a cualquier roca bajo el agua que me permita disfrutar de un espectáculo desconocido para casi todos. Cuando uno esta ahí abajo observando o siendo observado por miles de ojos curiosos, desearía que la respiración fuera sólo un hábito casual, como rascarse o mirar la hora. Sin embargo estamos obligados a subir para descubrir un marco totalmente nuevo en el siguiente descenso.
Os presento aquí algunas fotos que tomé con mi cámara acuática (de carrete, de ahí su escasa calidad). No podréis imaginar nunca la diferencia que hay entre lo que veréis y lo que vi. La zona es Cala Higuera, en San José (Cabo de Gata, Almería)
Más que la falta de aire, el silencio atronador te quita la respiración.



Suscribirse a:
Entradas (Atom)