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lunes, 26 de octubre de 2015

El final de lo normal

Era un día normal, una mañana normal, un “buenos días normal”, un desayuno común, una felicidad lineal, un pulso regular, una inercia adquirida y aceptada…unas escaleras normales hacia una calle común, una puerta de entrada normal, y un día gris como tantos…

…y de repente él se cruzó con un olor distinto, una vibración desconocida, el pulso cambió y se tornó irregular, taquicardia, nervios y miedo, caída…el día se abrió en un segundo y su cuerpo se giró contra su voluntad. Algo frenaba su pesado caminar y le obligaba a girar el sentido de la marcha. Sentía miedo, pues la normalidad comenzaba a perder sentido, su cuerpo experimentaba algo desconocido que ya había olvidado, que había desterrado, que se había resignado a perder.

…el día se abrió para él y cuando giró, el sol que despuntaba por el horizonte le cegó, no podía ver nada…nada más que aquel rostro, de ojos verdes y una sonrisa que le llegaba al alma, y contra su voluntad, sonrió. Y su vida dejó de ser normal, se tornó colorida, y sintió emoción y matices en cada detalle que le rodeaba.


…y para ella, aquella que se interponía entre él y el horizonte, la de aquellos ojos verdes, la de la sonrisa inmensa e infinita que le hacía temblar...para ella, la vida también dejó de ser aquel camino de angosta normalidad...

miércoles, 21 de octubre de 2015

Me dejas pensar demasiado

Me dejas solo mucho tiempo, me dejas pensar demasiado, tu soledad es la mía, tus silencios los míos, tu camino privado es mi mirada en la lejanía...

Y del silencio que me rodea sólo suenan los ecos de otros momentos, canciones que creía olvidadas, risas atenuadas, conversaciones que quedaron escondidas en los rincones...tu silencio las despierta, me dejas pensar demasiado...

Las melodías del silencio, que ahora habla por si solo, me entretienen como al preso que se conforma con lo que pasa por su ventana, preso sin paredes, melodías de infancia, ocultas en la memoria, y que ahora suenan y claman una libertad que en el fondo nunca se perdió...me dejas pensar demasiado...

Y como las cosas que lanzas al cielo y no tardan en volver, y el silencio que me lanzabas, el tiempo que reclamabas, tu camino solitario, tu perro del hortelano ¡ahora confundes mi paz y silencio con tu parcela egoísta! Pues te regalo futuro, no me debes ningún tiempo, ya no hay preguntas ni esperas, mi canción sólo es el viento.

...me dejaste sólo mucho tiempo, me dejaste pensar demasiado, quitaste tantas capas a este cuerpo, que ahora es el corazón el que ha hablado.

martes, 20 de enero de 2015

Los Surcos de la Memoria

Pasó el dedo indice por los surcos que el bolígrafo trazó otrora, y que ahora son sólo palabras desgastadas. Aquella nota volvió a ser tan familiar por un instante.... Nunca tuvo que haber perdido de vista aquellos deseos escritos, aquellas intenciones, aquel dibujo.

Durante años lo arrastro como marca páginas, libro tras libro... y ahora eran sólo trozos de papel rotos en una bolsa con facturas.

Siempre estás a tiempo, hasta que no lo estás. Esa sensación de perder sin poder recuperar era terrible, lloro y pataleta, grito caprichoso, angustia sin medida y sueños rotos.

El trazo del bolígrafo se volvió cortante, hiriente, profundo e infinito, un abismo del cual brotaron recuerdos que creía extintos, canciones que se prohibió hace tanto...quería que se la devolvieran...y se dio cuenta que ese sentimiento era tan inútil como cavar su tumba en el frío asfalto por el que se encontraba andando, con su nota en una mano dormida por tanto apretarla, por intentar retener lo último que de ella le quedaba.

Pasó de nuevo el dedo por una palabra cortada que quedaba en uno de los trozos de papel...pensó que nadie caía, casi nunca, en lo profundo que puede llegar a ser el trazo de un bolígrafo...si eres capaz de percibirlo es que has perdido mucho. Si su tacto te recuerda tanto, es que aun no has terminado de perder, tu caída no ha tocado fondo. Las palabras débilmente marcadas le llevaron al origen, y comprendió que su fantasma seguía ahí.

Paso el dedo indice por última vez por las pocas letras que le quedan a los restos de aquel improvisado marcapáginas...y lo volvió a ver completo. Volvió a ver cómo se dibujaban por primera vez los trazos perfectos, volvió a la oler la cena de aquella noche en la que una servilleta inmortalizó dos vidas, el vino que manchó el primer libro donde la servilleta vivió por meses, volvió a escuchar la melodía que bailaron sin moverse, y sintió la danza sin música que siguió después...

...y de tanto pasar su dedo índice por por los trozos de papel se perdieron los surcos del bolígrafo,  se desdibujaron, se gastaron. Y como los surcos de un viejo disco de vinilo que se han rallado por un descuido, su vida quedó condenada a recordar aquella canción por siempre jamas, tocando una y otra vez aquel momento en el que lo único que quedó fue aquel papel, olvidado en un libro y condenándolo a recordar los pasos que alejaban a la que tanto le deseó con tan pocas palabras.

martes, 18 de octubre de 2011

Aprende a llorar

Anoche en la guardia del hospital los médicos quedaron sin palabras, sin medicinas, sin métodos de reanimación…los médicos se quedaron parados y atónitos. Un hombre murió ahogado, tendido en una fría camilla a la que ni siquiera tuvieron tiempo de poner una sábana nueva.

Llegó a manos de una mujer, asido de su hombro, arrastrando los pies y agarrándose a cuanto se ponía a su paso. Ella no podía con él ya. Sus ojos…rojos, hinchados, los párpados no llegaban nunca a cerrarse, lo intentaban. Su respiración, agónica, gorgoteaba…hacía pensar que algún líquido llegaba hasta la misma garganta, y que penetraba en sus pulmones con cada bocanada de aire, llenándolos cada vez un poco más.

Los celadores lo tumbaron en una camilla…él no la soltaba. Sólo tenía fuerza para sujetarla, y mirarla, hacer cómo que le decía algo, para nada más le quedaba fuerza. Sin que el médico de guardia le diera oportunidad la sentó para interrogarla frenéticamente por las causas de la dolencia, no había tiempo que perder. Ella, que soltó, no supo que decir…sólo que aquel hombre que empezaba a sufrir convulsiones por ahogamiento llevaba toda la tarde intentando hablar…decirle…durante toda la tarde no la pudo soltar ni un segundo de la mano, la misma mano que soltó cuando aquel médico se interpuso.

"Él quería decirme algo…sentía pena, estaba triste, angustiado" - ella lloraba ríos.

Una enfermera llegó corriendo a la sala…el hombre moría, y nada podían hacer…no podían drenar el líquido que lo ahogaba, aquel hombre sólo buscaba la mano de aquella mujer. Ella sólo podía alcanzar a mirar aterrada por la ventanilla de la puerta que los separaba. El la miraba con sus ojos inyectados en sangre…y pena.

Hasta 4 médicos, con sus manos caídas de impotencia rodeaban a un joven que daba sus últimos espasmos. La enfermera que miró a la mujer dijo en voz baja…"ella llora por los dos, llora por ella y por él, intenta llorar lo que el no pudo, lo que el no lloró lo ahogó"

Las cosas existen, aunque no se encuentren, y la muerte del joven era clara…incapacitado para expresar la pena que lo atenazaba y se atascaba en sus entrañas intentó dar salida a lloros que lo aliviaran, e incapacitado para esto murió en su pena. Ni todos los intentos de los doctores hubieran podido vaciar la pena que lo ahogaba…le hubieran dado tiempo, como las mil excusas que él se interpuso cada día…antes de sentarse a hablar con ella…"un día más". Cuando ya intentó hablarle fue tarde…la angustia enterró su voz, y el tiempo que perdió fue el verdugo que cortó el tiempo que ambos les quedaba por compartir.

martes, 29 de marzo de 2011

TÚ ERES EL CIEGO

...la vieron en mitad de la calle con una caja de lápices, todos de color negro. Ella decía que al pintar veía los colores...sus trazos eran perfectos...a veces dudaba al coger un lápiz y lo cambiaba...

...nació con la vista apagada, pero iluminaba todo aquello que miraba...

viernes, 3 de diciembre de 2010

jueves, 10 de junio de 2010

Sin tener que...

No teníamos porqué conocernos...
No teníamos porqué saber nada el uno del otro...
No teníamos porqué encontrarnos en el sitio más inverosimil y apartado del mundo...
No teníamos porqué contestar a esa primera sonrisa...
No teníamos porqué coincidir en lo más importante...
No teníamos porqué diverger en lo justo para discutir y reir...
No teníamos porqué llamarmos para hablar y quedar casi en silencio...
No teníamos porqué hablar hasta el amanecer y colgar con pena tras agotar todas las palabras que debieron ser dichas...
No teníamos porqué echarnos de menos tras habernos conocido...
No teníamos porqué buscarnos tras cada esquina sabiéndonos en la lejanía...
No tenía porqué decirte que eras tú a quien yo esperaba...
No tenías porqué quedarte sin palabras por mis palabras más sinceras...
No tenía porqué ser sincero y temblar al dedirte aquellas palabras...
...y sin embargo, así ha sido.

martes, 25 de mayo de 2010

El intersticio

Arrasaste a tu antojo
arrancando juntos a puñados,
no quisiste hacer camino
en el terreno apropiado.

No te gustó lo que viste
y me dejaste desolado,
la laguna esta vacía
la vida me ha abandonado.

...

Ansia puta y vista fija
tomarás lo que tú quieras,
maldecirás al agua y la tierra
si luchan por la dignidad que les queda.

Me rebelo en agonía
es la fuerza que me queda,
al robarme ese el cariño
sólo el odio ahora te espera.

jueves, 13 de mayo de 2010

La última vez...

Con apenas la cabeza asomada por el quicio de la puerta, Álvaro comenzaba a sentir pánico por dar un paso fuera de su casa. Caminando en soledad, como hacía con frecuencia, no dejaba de recordar a la que otrora hacía que todos los días fueran preciosos momentos de fotografía…Cada vez que veía, olía, sentía algo que con gusto compartiría recordaba “la última vez” que realmente lo compartió con La que estuvo ahí. Así, y con el paso del tiempo, comenzaron a acabarse sus “últimas veces”.

Sentado en una silla que nunca debió poner en su pasillo, Álvaro comenzó aquella tarde a rezar…

…la última vez que te eché de menos fue la última vez que te dije te veré pronto, hoy casi no soy capaz de dibujar tu imagen en mi cabeza…
…la última vez que me arrepentí de tu ausencia fue la primera vez que te que te dije que sabía que esto era un error…
…la última vez que me sentí uno contigo fue antes de romperte en mil, al verme roto en mil por no poder sentirme uno contigo, hoy apenas puedo unir aquellos pedazos que siguen tirados en el mismo sitio…
…la última vez que viaje al mar que amo, tú llevabas tu hamaca, que era mía, hoy me ahogo en un mar seco que no reconozco y nadie mira desde la orilla…
…la última vez que lloré de tristeza, tú estabas ahí para secar mis lágrimas, hoy olvidé cómo se lloraba, y los nudos se acumulan…
…la última vez que vi todas mis películas, fue a tu lado, hoy recuerdo en soledad tus gritos de miedo cuando el malo aparecía por sorpresa…
…la última vez que rompí un plato, fue tu risa lo que escuché, hoy sólo el estruendo de los mil pedazos resuenan en mi cocina…
…la última vez que me levanté sonriendo fue por ver tus ojos entrecerrados, hoy tu lado sigue intacto, y sólo la pared frena ahora mi mirada…
…la última vez que vi nevar tu apartabas la nieve del suelo junto a mi, hoy la nieve es hielo y vuelvo a caer sin remedio…
…la última vez…
…la última …
…la…

…"hoy es la última vez que me acordaré de una última vez. Hoy sucederá la próxima primera vez que..."

domingo, 18 de abril de 2010

Conversación con Homer

Como en otras ocasiones, me encontré charlando con Homer Simpson. Son muchas las veces que hemos estado uno frente a otro hablando de los temas más dispares.

Hacía tiempo que no me dedicaba a hablar con él. Lo encontré destrozado, sentado en una acera desnuda, sin papeleras, ni farolas, ni bancos…nada, sólo Homer. Me acerqué y como en otras ocasiones le traje un búlgaro de chocolate. Aunque la mayoría de la gente piensa que Homer se vuelve loco por una rosquilla, son los búlgaros de chocolate lo que más le gusta. Hoy no lo probó.

Tras un silencio incómodo pregunté a Homer porqué estaba así, porque su jardín no estaba verde, porque las persianas de su casa estaban bajadas, porque su camisa no estaba lisa. Homer juntó los hombros en señal de “no sé qué pasa”, pero a continuación habló…Marge había muerto esa mañana. Murió tras más de un año de una enfermedad que podría haberse curado con unas pocas palabras y una mirada hacia el futuro.

Le pregunté qué sentía ahora, tras tanto tiempo…qué le quedaba de Marge, qué sentía tras su perdida, qué esperaba del futuro…Homer quedó en silencio, y me habló sobre una revelación que fue conformando poco a poco a lo largo de su vida, y que hasta ahora no se había materializado en su mente como dolorosa conclusión. Homer fue directo en sus palabras: “Margue ha muerto, amaba a Marge…el tiempo no hace que el amor se transforme en cariño, al principio hay hormonas, nervios y deseo, pero el amor se construye con el paso del tiempo, es una solida construcción que necesita ser levantada con el paso de los días, de los meses, de los años, y con ese paso del tiempo te vuelves uno con la otra persona, entiendes y sientes lo mismo, te haces uno, cada uno en su mitad, pero uno.…He perdido….he perdido…todo…del futuro sólo espero perdón y…que sea un futuro breve”.

Me devolvió el búlgaro de chocolate, ni lo había mirado. Con un poco de chocolate adherido a sus dedos, Homer accionó una pequeña grabadora que tenía en sus manos. La voz de Marge sonó débilmente, se escuchaba “…tú eres tan hermoso para mi…”, y aunque eso no me lo contó, Homer sintió los brazos de Marge rodeándole la cabeza mientras reposaba en su regazo. Ese sentimiento fantasma sumió a Homer en el recuerdo y a penas murmuró algo cuando me fui de allí.

De camino a casa, no podía dejar de pensar en aquella canción, “…tú eres tan hermoso para mi…you are so beautiful , for me…”. Una vez más, Homer me enseñaba algo más de la vida, algo tan sencillo que casi nadie se detiene a ver.

“…tú eres tan hermoso, para mi…”

viernes, 26 de febrero de 2010

Derrepentes yensegundos


Vinagre, sal, barro. Que no es picadura, es herida profunda.
Cierras la herida, luego la rascas y vuelta a empezar.

No aprendes y vuelves.

Sólo las cicatrices te enseñan lo que hubo y lo que habrá...cuidate, que cada vez tardarás más en curar.

El tiempo te hace inmune al dolor, pero no a las consecuencias.

miércoles, 29 de julio de 2009

Crónica de una pérdida anunciada (2/3)

El agua que caía fría comenzaba a entumecer ligeramente su cuerpo, y se notaba lento en sus reacciones. Stampida ladeo su cabeza quedando libre de la cortina de agua uno de sus oídos, cuando éste quedó vacío escuchó música en la habitación de al lado. Su portátil reproducía una canción de Anthony & The Jonsons...

One dove
Youre the one Ive been waiting for
Through the dark fall
The nightmares the lonely nights
.........
One dove
To bring me some peace
In starlight you came from the other side
To offer me mercy

...y la realidad volvió. Tiempo atrás aquella canción daba significado a su vida, hoy es sólo era un recuerdo que no se perdía...instantes que habían abrasado su cerebro, y ahora su huella había quedado para siempre. Una cicatriz que encerraba dolor en una herida que nunca se curó...una cicatriz con su escueto nombre.

Y volvió a sentir fragilidad, vacío, inútil...se sintió reloj de arena al que habían quitado todo su tiempo, sus recuerdos, y los momentos que midió. Por un instante se sintió el protagonista de una vida que no había vivido, que no era la suya, y mirando atrás no se reconoció en sus actos. Se preguntó quien era aquel patán que ocupaba su espacio en el universo. Pero ya estaba demasiado débil para luchar contra aquella versión de si mismo descontrolada y falsa. Apuraba sus últimos momentos recordando su pasado, quiso que sus últimas imágenes fueran las de los años pasados, cuanto todos, incluso él, le reconocían. Ahora era el anciano más joven que nunca nadie hubiera visto.

Se asomó a la ventana, y la visión del mar, negro por una noche sin luna ni estrellas, vació por un momento su pena y su tristeza, y aquel que estaba oculto y olvidado le susurró al oido que había quedado vacío de agua fría...

"tengo sólo unos segundos antes de que vuelva el ser ruin en que te has convertido,
acuérdate de mí, mira al mar y no lo pierdas de vista,
sabes dónde querrías acabar esto,
sabes cuál es el último jardín que querrías ver,
sabes cuales son los últimos seres que querrías ver volar ingrávidos,
sabes cuál es la única presión que te gusta sentir en tu cuerpo
...sabes quién estaría en la playa vigilando que aparezcas a respirar
...sabes que ya no estará ahí nunca más
...sabes que ya no tienes por qué volver a la orilla"

Stampida se hizo fuerte, amanecía. Tomo su modesta equipación como de costumbre, no desayuno, como hacía últimamente, y se fue para acabar su historia como había leído que algún hidalgo ya había hecho por aquellos parajes.

Aquel día reconoció el sol en el cielo, el agua no estaba lo suficientemente embravecida como para no entrar (para él nunca lo estaba). Se dirigió a la única zona de la playa que tenía arena donde reposar, escribió "Kiss my name" y tendió su toalla encima sin intención de volver a quitarla.

Como siempre al entrar en el agua, mojó sus muñecas y su nuca.

Buen día para no volver a la orilla.

jueves, 23 de julio de 2009

Crónica de una pérdida anunciada (1/3)

Verano, y Stampida se sentía frío y sólo, se permitió parafrasear a García Márquez diciéndose "esto era la crónica de una pérdida anunciada". Aquel día sentía auténticos temblores, le recordaban a los que antaño sintió cuando era pequeño y temía a la oscuridad. Sin embargo, estos temblores eran mucho peores, el miedo era infinitamente mayor.

Sentía como si su equilibrio dependiera sólo de la consistencia de su piel y sus huesos. Se venía abajo, tenía el alma en los talones. Se sentía sólo carcasa, cáscara seca, la boca le sabía a retama. Su vació interior se llenaba de un torbellino de duda y dolor, llevaba tiempo sin experimentar esos dolores, y sospechó que ya no le quedaba mucho. Su función estaba acabando y ya no se acordaba del resto de su guión.

Totalmente destemplado se sentó en la ducha bajo el agua caliente que golpeaba su cabeza. Sus oídos inundados le aislaban del resto del mundo, escuchaba sus pensamientos y no eran leídos por su voz, aquella voz era preciosa. Intentaba recordar su yo mismo de hacía años, cuando todo era perfecto y la sencillez cotidiana le hacía un hombre completo. Ya no se atrevía a abrir su caja de recuerdos, le daba miedo lo que allí había, y sólo el pensar en la caja guardada al fondo del armario hacía que la hiel subiera por su garganta.

Pensando si se atrevería a dar el siguiente paso, y el único que para sí quedaba, Stampida se dijo "muchacho, sabías que ibas a perder, y has perdido".

La luz se fue, el agua se volvió fría y él no supo que hacer…o no se atrevía a hacerlo.

martes, 2 de junio de 2009

En mirando a la reversa

…y para que a todos los observadores les quedara claro gritó lo siguiente sin poder dejar de llorar: ni una más, se acabaron las brazadas contra el viento y los tentáculos que siempre tiraban hacia el fondo del azul.

Esa era la última vez que contemplaba rostros de mármol, “para caras duras la mía”. Cogió las únicas ropas que había a su alcance, pesadas como el hierro, y vistiéndolas con facilidad por esfuerzo al que se había sometido arrancó a paso ligero directo hacia una puerta que no sabía si existía, pero que ahí estaba, que cruzaría.

Si la puerta no se abre, se arranca, ya se llamó demasiadas veces sin obtener respuesta.

Recordó cuando cantaba sin ganas, cuando susurraba, cuando las palabras apenas se derramaban por su boca, impulsadas por un hilo de voz que denotaba pena. Recordó cuando cantaba para respirar, nada le merecía la pena y la tristeza que otrora pisaba, había crecido y alcanzaba niveles alarmantes. No sabía ya si alguna vez había sido feliz ahora que echaba la vista atrás. La boca le sabía a retama, y odiaba la sinjactancia ajena, el desplante “porquesí”.

Hoy era su último día como poeta tenebrista. Como tantas veces se dijo (pero esta vez ya no en vano), hasta aquí hemos llegado, ya no me vuelves a torcer la risa.

jueves, 21 de mayo de 2009

El Perfecto Mingitante (1/2)

Con cierta frecuencia, la etiqueta y la educación y la falsa seriedad nos llevan a evitar los asuntos escatológicos...y estamos evitando la esencia misma de la vida. Sobre todo, el individuo del genero masculino suele ser victima de frases como "qué fácil lo tienes para mear" o la conocidísima “te la sacas y ya está”...no nos confundamos, nada más lejos de la realidad, ya que el arte de la mingitación masculina encierra arte y tradición, y destreza (si se me permite decirlo) para realizar la faena con total pulcritud.

Ofreciendo un enfoque simplificado, la mingitación masculina se resume en cuatro pasos bien diferenciados y OBLIGATORIOS: bajada de cremallera, extracción del aparato, mingitación al uso y guardado del aparato. El lector avezado notará que la NO realización de uno de estos pasos desembocará en desastre (avergonzante si se trata del primero, escandalizante para algunos si se trata del último).

Aunque a priori el primer paso es tranquilo, todo dependerá de la urgencia del mingitante. No apuremos porque la ley de Murphy dice que la cremallera se atascará en momento más inapropiado. Como caso excepcional, para aquellos individuos que no sirvan de usar calzoncillos, recojan la punta contrayendo al máximo el abdomen para evitar accidentes desagradables. El segundo paso se deberá realizar con cuidado y sutiliza: no está manejando una manguera.

En realizando el primer paso, no todo es dar rienda suelta a la mingitación. Resulta vital apuntar, calcular la trayectoria, y en su caso, tener en cuenta la distancia que nos separa del urinario. Un factor vital para centrar el "disparo inicial" (porque también hay un disparo final) es la fuerza de salida, que cual moto en primera marcha suele salir excesivamente acelerado. Pasado este primer momento, el perfecto mingitante deberá mantener la calma y para evitar desviaciones del caudal vertido al vacío. Incluso este interludio resulta importante para realizar una tarea elegante y digna de un caballero, ya que aunque la puntería sea perfecta, controlar el efecto de choque del fluido contra la superficie marmórea puede desperdigar mil gotas ínfimas por los alrededores que, aunque nosotros no veamos, ellas sí. ¿Cómo salpicar casi casi nada en este momento intermedio donde todo está bajo control?...señores, apuntemos al agua, que por su condición líquida absorberá mejor la fuerza del fluido vertido e impedirá que las gotas que caen reboten sin control. Hay quien piensa que un efecto parabólico aprovechando la curvatura del inodoro reduce a cero el impacto, y con esto, las “gotescas” consecuencias.

lunes, 16 de marzo de 2009

Las velas, solas se apagan

Al final, volvió a escuchar todas aquellas canciones que tenía prohibidas desde hacía muchos meses. Y como las historias no pueden reescribirse, porque la rubrica del autor cierra toda posibilidad de cambio, decidió iniciar un segundo volumen en el que tapar todos y cada uno de los agujeros de avestruz donde en alguna ocasión metió la cabeza en busca de un camino a Oz (sin caer que por donde a duras penas entra la cabeza, nunca entrará el cuerpo).

Y comenzó así…”En derribando el muro que se alzaba infinito…”