lunes, 26 de octubre de 2015

El final de lo normal

Era un día normal, una mañana normal, un “buenos días normal”, un desayuno común, una felicidad lineal, un pulso regular, una inercia adquirida y aceptada…unas escaleras normales hacia una calle común, una puerta de entrada normal, y un día gris como tantos…

…y de repente él se cruzó con un olor distinto, una vibración desconocida, el pulso cambió, el pulso era irregular, taquicardia, nervios y miedo, caída…el día se abrió en un segundo y su cuerpo se giró contra su voluntad. Algo frenaba su paso normal y le obligaba a cambiar el sentido de la marcha. Sentía miedo, pues la normalidad perdía sentido, su cuerpo sentía algo desconocido que ya había olvidado, que había desterrado, que se había resignado a perder.

…el día se abrió para él y cuando giró, el sol que despuntaba por el horizonte le cegó, no podía ver nada…nada más que aquel rostro, de ojos verdes y una sonrisa que le llegaba al alma, y contra su voluntad, él sonrió. Y su vida dejó de ser normal, se tornó colorida, y sintió emoción en cada detalle que le rodeaba.


…y para ella, aquella que se interponía entre él y el horizonte, la que de aquellos ojos verdes, la de la sonrisa inmensa e infinita que le hacía temblar...para ella, la vida dejó también su angosta normalidad...

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